Puffs… invento del cielo retocado por el Diablo

Supongo que no es así, pero debería serlo: el nombre de estos muebles-complementos debería provenir de la frase “¡Puff… qué pereza levantarse y salir!”. Y es que con esto de que ha llegado el otoño, el fresquito y una menor cantidad de horas de luz, llega el temible domingo por la tarde y lo que menos apetece es salir de casa.

No digo ya cuando el domingo era ese día dedicado a resucitar de la resaca del jueves, viernes y sábado. Ya he (más o menos) crecido y bebo poco porque la resaca me da pereza. Y de pereza hablo.

El plan dominical suele ser, después de levantarme tarde, comer cualquier cosa que no sea venenosa y se pueda cocinar en menos cinco minutos en el microondas –la primera condición no siempre se cumple-. Luego, puff y tele hasta la cena. Sólo me levanto para renovar la provisión de cerveza y frutos secos o para apaciguar la llamada de la naturaleza.

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La tentación del puff

El caso es que buena parte de culpa de esa pereza dominical la tienen los mencionados puff… un invento en el que el cielo puso la suavidad y blandura de sus nubes… y el infierno todo lo demás. Se está tan cómodo que uno peca en varios mandamientos y pecados capitales (ya he mencionado la gula y la pereza, pero hay más…).

En este sentido, voy a tener que agradecerle a Buykuki.com, tienda de puff online dos o tres mesecitos de purgatorio… ¡Y es que no se pueden poner estas tentaciones a unos precios tan bajos, hombre! Uno ve un puff oval, recubierto de algodón trenzado a mano y relleno de bolitas de poliexpán por sólo 48,99 euros… y es que un servidor no es de piedra…

Claro que, a decir verdad, no fue el modelo del párrafo anterior el que me hizo caer en esta espiral de cerveza, cacahuetes y películas malas… El puff que vi, me conquistó y acabó en mi casa en apenas un par de días es el llamado “Puff multiposición KIT-KAT negro”. Puede ejercer de puff, de sofá auxiliar, de mueble de dormitorio…

Sus seis articulaciones y catorce posiciones fueron el argumento definitivo para incorporarlo a un mundo dominical en el que mi cuerpo sólo conoce dos posiciones: sentado y recostado. Y, vale, no es domingo, pero creo que me voy a descansar un ratito… Puff, ceveza… el Diablo debería ponerme una baraja y una mujer delante, para acabar de llevarme con él.

Category: Regalos curiosos
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